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LA “COMUNIDAD” JUDÍA, UNA FALACIA DE CLASE

julio 22, 2016

La DAIA se autodenomina “Representación Política de la Comunidad Judía Argentina”. Cuando en ciencias sociales nos referimos al concepto “comunidad” estamos refiriendo a un todo indiferenciado[1], es por eso que la definición de DAIA se ajusta a un discurso hegemónico y que se pretende único.

Cuando analizamos la historia reciente de la Colectividad[2] Judía Argentina nos damos cuenta que la colectividad, como unidad, se quiebra a partir de la diversificación y estratificación social de los argentinos judíos. En efecto, en su origen los primeros inmigrantes judíos tenían una pertenencia de clase claramente popular (la mayoría eran proletarios, artesanos y pequeños comerciantes cuentapropistas que vendían en cuotas –los cuénteniks-), con la llegada del peronismo se produce un fenómeno de ascenso social debido al bienestar económico y la expansión del mercado interno, muchos pequeños comerciantes crecen y se vuelven industriales y sus hijos se vuelven profesionales liberales. Este proceso de transformación social tiene su correlato ideológico[3] pero no es exclusivo de Argentina, como muestra Enzo Traverso en su libro “El Final de la Modernidad Judía” se produce a escala global

En este período comienza a producirse la fractura, una primera ruptura de la unidad se produce con la creación de la OIA en 1947 y un segundo momento es cuando se expulsa de la colectividad al ICUF en 1952, una vez producidas estas fracturas, la colectividad deja de ser una expresión de la pluralidad y diversidad y se vuelve comunidad mientras se sostiene discursivamente lo opuesto.

Hace muchos años venimos viendo la gradual descomposición de la “comunidad” hasta su transformación en un instrumento de las fracciones más acomodadas, derechistas, intolerantes y reaccionarias de la colectividad judía, brevemente intentaré explicar algunos indicadores de esto:

  1. El claro alineamiento ideológico con la dictadura genocida expresado, por ejemplo en el agasajo de la Sra. Amalia De Pollack, dirigente histórica de la OSFA-WIZO a Raquel Hartridge de Videla, esposa del genocida Videla en el club CASA durante la propia dictadura genocida; junto al acto, a fines de 1977 en el Edificio Libertad, de la dirigencia de la DAIA junto a las máximas autoridades de la Marina para entregarles un libro de homenaje a Guillermo Brown escrito por Marcos Aguinis para homenajear a la institución que hacía dos años sostenía en funcionamiento el CCDTYE de la ESMA y coautora de un genocidio en el que desaparecieron casi 2000 argentinos de origen judío. Eso sin referirse al documentado maltrato a los familiares de desaparecidos que se acercaban a DAIA por ayuda (hecho documentado por múltiples libros, incluyendo “El Antisemitismo en Argentina” de Leonardo Senkman y “Los Judíos Bajo El Terror. Argentina 1976-1983” de Gabriela Lotesztein).
  2. El alineamiento de la dirigencia comunitaria al lado del gobierno neoliberal de Carlos Menem expresado en la carencia absoluta de crítica hacia los devastadores efectos del sus políticas, actuando, por un lado con su organización civil AMIA haciendo asistencialismo y reproduciendo a escala las políticas de “gestión de la crisis” aplicando políticas de ajuste que llevaron al cierre masivo de escuelas, clubes, centros comunitarios, sinagogas, etc. Y a través de su “pata política” llevaron a cerrar filas detrás del evidenciado encubrimiento a los autores del atentado contra la AMIA. Recordemos el episodio de Beraja yendo a Casa Rosada a disculparse ante Menem por el duro discurso de Diana Malamud en el acto del 18 de julio de 1996 y por el repudio de los asistentes al acto contra su persona.
  3. Las primeras incursiones para hacer jugar un rol activo a las instituciones comunitarias en la lucha política nacional impulsadas por “AMIA es de Todos”, agrupación partidaria del rabino y hoy diputado del PRO Sergio Bergman, que intentó por todos los medios impulsar al hoy Secretario de DD.HH. de la Nación Claudio Avruj a algún cargo ejecutivo, Primero en la AMIA, luego en la DAIA y que finalmente lo logran con el acto de repudio a la firma del Memorandum de Entendimiento con Iran realizado en la puerta del Museo del Holocausto de Buenos Aires el 14 de febrero de 2013 y que detonó una crisis política en dicha institución y posibilitó la “toma por asalto” del PRO quien se apoderó de dicha institución a través de impulsar la Presidencia de Avruj y de su socio, y pareja de Patricia Bullrich, Guillermo Yanco en la Vicepresidencia.
  4. La activa participación de la dirigencia en los intentos destituyentes del gobierno de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner a partir de la firma del Memorandum referido y, sobre todo, los graves hechos detonados a partir de la denuncia del Fiscal Alberto Nisman contra varios funcionarios de gobierno, incluyendo a la Presidenta y al Canciller Héctor Timerman; denuncia que, a pesar de haber sido desestimada por su inconsistencia por múltiples juristas y jueces como los Dres. Moreno Ocampo, Gil Laavedra, Servini de Cubría, Lijho, y otros incluyendo al Dr. Daniel Rafecas, altamente valorado por la comunidad en su momento por su compromiso y su trabajo por la justicia y por mantener viva la memoria de la Shoá, y hoy condenado, por los mismos dirigentes, al ostracismo por haber hecho lo mismo que siempre hace: impartir justicia. Su fallo desestimando la denuncia de Nisman enojó a “sus viudas” y porque los dejó desnudos en la “conspiración destituyente” de la que fueron (son) parte integrante
  5. El silencio actual de las instituciones comunitarias ante la aplicación de medidas de corte neoliberal que conducirán, indefectiblemente, a una nueva crisis y que ya están provocando muertes. Lo que preocupa, adicionalmente, es el silencio de la DAIA ante hechos altamente preocupantes como por ejemplo las declaraciones de Jaime Durán Barba diciendo que Hitler fue un tipo espectacular, o las múltiples expresiones xenófobas, misóginas, homofóbicas, etc. de funcionarios del gobierno; ni siquiera se expresaron cuando el Ministro Garavaglia y su Secretario de DD.HH. Avruj respectivamente se reunieron con abogados defensores y familiares de genocidas; también recordemos el apoyo de SUIM-DAIA de Mar del Plata al candidato de Cambiemos (hoy Intendente) Carlos Arroyo, denunciado por nazi, años atrás por la propia institución que hoy le “lava el rostro”; también preocupa su falta de reacción ante la gravedad institucional que implicó la invitación a una reunión de jóvenes políticos en la Casa Rosada a representantes del Partido Bandera Vecinal que lidera el conocido nazi Alejandro Biondini.

Vemos que este lento pero inexorable corrimiento desembocó en la transformación de las instituciones comunitarias en un apéndice político del PRO, algo así como la “Sección Judía” del neoliberalismo ultraconservador y reaccionario. Podemos finalizar nuestro análisis expresando una serie de indicios discursivos, recursos retóricos que expresan el oportunismo y el doble discurso – doble moral de esta fracción derechizada y con pretensiones hegemónicas absolutas de la colectividad (no solo en Argentina sino a escala global):

  • Denuncia los crímenes del nazismo pero, en su momento operó para silenciar las críticas a la dictadura genocida en foros internacionales apelando a que en Argentina no había antisemitismo.
  • Denuncia los crímenes del estalinismo pero avala los crímenes de lesa humanidad que comete el Estado de Israel sobre el pueblo palestino (bombardeos sobre población civil, castigos colectivos, encarcelamientos preventivos, etc.)
  • Dicen que Israel es el Estado de todos los judíos del mundo, de hecho, cualquier judío que quiera radicarse allí y lo solicite tiene derecho a la ciudadanía, pero etiquetan como antisemita cualquier referencia al carácter judío de dicho estado cuando se condenan los crímenes que comete en nombre del “derecho a la existencia”.
  • No toleran la mínima crítica a las acciones de Israel, sus pretensiones de discurso único se expresan en el etiquetamiento de quienes expresan condenas, si el crítico no es judío se lo acusa con el epíteto “antisemita”, mientras que si el crítico es judío se lo denomina “autoodiante”, dando a entender que debe haber una sola posición posible, la propia, que incluye el seguidismo acrítico aún a las peores y más crueles acciones de dicho Estado.
  • Las condenas a negacionistas y banalizadores del Holocausto que utilizan esa memoria como herramienta denuncia contra los crímenes que comete Israel a quienes se acusa de hacer un “uso político” de la memoria de la Shoa, mientras las comunidades judías hacen exactamente lo mismo pero para justificarlos.
  • La existencia condicional del combate contra el antisemitismo, y su uso como un arma de lucha política de clase. Se condena hasta el mínimo gesto de los opositores políticos forzando, la mayoría de las veces, el significado de los dichos para demonizar al enunciador, mientras se guarda silencio sobre acciones equivalentes o peores de amigos y socios políticos[4]

Por último, tiene que quedar completamente en claro que el combate contra toda forma de discriminación, incluyendo el genocidio como expresión máxima de odio al otro, no admite condiciones ni peros, por eso considero que la “comunidad” judía al carecer del concepto de diversidad y del pluralismo como se desprende de sus prácticas y declaraciones encuentra límites y fronteras ya que se encuentra fuertemente delimitada por la pertenencia de clase de las fracciones que hoy hegemonizan dichas instituciones, de allí su doble discurso, en realidad es un discurso de clase el cual, como todo discurso con pretensiones hegemónicas, intenta volverse el “único” discurso posible. En palabras de Marx: Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante… cada nueva clase que pasa a ocupar el puesto de la que dominó antes de ella se ve obligada, para poder sacar adelante los fines que persigue, a presentar su propio interés como el interés común de todos los miembros de la sociedad, es decir, expresando esto mismo en términos ideales, a imprimir a sus ideas la forma de la universalidad, a presentar estas ideas como las únicas racionales y dotadas de vigencia absoluta.

 

[1] Llamamos comunidad a una relación social cuando y en la medida en que la actitud en la acción social se inspira en el sentimiento subjetivo (afectivo o tradicional) de los partícipes de constituir un todo. (Weber, Max: Economía y Sociedad.)

[2] Entendemos por colectividad un grupo de personas que comparten o están motivados por un mismo tema u objeto de interés, o que trabajan juntos por un mismo objetivo. Se caracterizan por compartir y ejercer poder político y social, y tomar decisiones basados en el consenso y principios igualitarios.

[3] Recordemos esa máxima de Marx acerca que es el ser social lo que determina la conciencia.

[4] Al respecto ver otro artículo de mi autoría http://www.paginapopular.net/de-posiciones-y-posturas-de-clase-fundamentos-de-la-critica-al-judaismo-hegemonico/

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